Masificación turística II

Mi vecino de la playa alquila su casa en una plataforma de internet. Noticia de impacto. Pero, ¿esto cómo puede ser? ¿Quién osa perturbar mi reducto de paz y tranquilidad en La Manga?

La relación vecinal era cordial y educada; respeto mutuo. Ruido dentro de lo normal. Por eso ahora choca que este fin de semana haya exceso de decibelios, alboroto impropio de nuestros vecinos. Empiezan las elucubraciones. La deben haber vendido dicen unos; no, está alquilada dicen otros. Me empiezo a preocupar. Este verano tengo que trabajar mucho y no me van a dejar tranquila.

A último de junio veo irse a los primeros turistas. Son andaluces. Menuda jarana. Me hierve la sangre. A esto le pongo yo solución, me digo. Llega personal de limpieza. Esta es la mía. Espero paciente que terminen la tarea y cuando salen les pregunto por quién alquila esta casa. “Es una empresa internacional, suecos, creo”. Me importa a mí, pienso; no sin cierta soberbia. La busco en internet. Ahí está. La casa está reservada hasta la segunda semana de septiembre. Madre mía, qué verano me espera.

Oigo llegar a los siguientes. Estamos pegados y es inevitable. Uf, son muchos. Dios mío que no sea una despedida de soltero. A la mañana siguiente me tranquilizo. Es una familia. Bueno, a ver si me estoy pasando. A ver si esto va a ser turismo fobia. No. Esto es producto de la tercerización de la economía (el paso de trabajadores del sector primario al secundario y de éste al terciario, según Colin Clark). De las economías del primer mundo. Desde mediados del siglo XX el sector terciario (servicios) crea dos de cada tres empleos. Esto, a pesar de los problemas económicos que tenemos es el progreso económico. El progreso de mi vecino, digo.

Y esto qué tiene que ver con los turistas alemanes que están de vacaciones en la casa de al lado. Pues mucho. Lo explica muy bien Abraham Maslow, el de la pirámide. Esta familia tiene sus necesidades básicas bien cubiertas (el paro en Alemania es del 3,1 % a mayo de 2019) y en la cúspide de su pirámide de necesidades está pasar unas vacaciones en familia en algún lugar tranquilo y con una playa casi privada. Solo había que mirar en intenet. Et voilá: La Manga.  Sí, en La Manga, donde aún quedan muchas zonas tranquilas a uno y otro lado de cada mar.

Mar Menor en La Manga

 

Los días van transcurriendo con tranquilidad, quizá estaba equivocada. Ya se me ha pasado la turismo fobia. Pasan los días. Cada uno en su casa.

Una mañana escucho brotar agua. Un gran caño de agua. Parece que se les ha roto la ducha que da a la playa. Tengo que hacer algo. Voy a explicarle al alemán que el agua es oro molío en Murcia. Good morning, good morning. Que soy la vecina brasas y veo que necesitan ayuda, que no puede estar saliendo agua a tutiplén, aquí escasea, que lo llevo oyendo un par de horas. Sí, hemos llamado (estaban quemados tras varias llamadas) pero no nos dan solución. Vaya, a ver si van a pensar que en España somos unos chapuzas. Les digo que voy a intentarlo. Hago un par de llamadas. Llega el de mantenimiento. A las dos de la tarde dejo de oír el agua.

 

Está bien alquilar una casa en el extranjero. Eso pensaba yo antes de alquilar un apartamento en Stavanger (Noruega) en una famosa plataforma de internet. Un magnífico apartamento cuyo propietario me pareció que nos iba a descuartizar a mis tres amigas y a mí. Parecía el de Fargo. El miedo es libre. Que no digo yo que no alquilen ustedes casa en el extranjero. Pero si me dan a elegir…me quedo con un hotel, donde va a parar.

Disfruten de sus vacaciones. Mientras tanto en La Manga cada semana nuevos vecinos.

 

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