Sola en Zafra

Me encerré en casa voluntariamente en 2018. Harta de estar desaprovechada por la empresa privada me decidí por la docencia. Había que estudiar.

Desde septiembre llevo preguntándome qué es eso de la vocación que dicen muchos profes. Pensaba que eso era lo de las monjas. A estas alturas no lo he descubierto. Solo puedo decir que ojalá hubiera tomado esta decisión antes, cuando aquella crisis de 2008 mandó a muchos profesionales a la calle. Pero llegó cuando tuvo que llegar. Y me alegro enormemente.

Pues bien, la suerte y el encierro de 2018 me han traído a Zafra. Qué bien se está aquí. Qué gente tan estupenda. Y, qué jamón más bueno.

Cuando llegué en septiembre me dediqué a hacer turismo por la única comunidad de España que no conocía todavía. Pero pronto la realidad me hizo encerrarme otra vez, tenía que seguir estudiando y dejé cosas aparcadas en mi agenda.

Viernes 13 de marzo. Vaya fecha. Tenía hora en la pelu el sábado 14 y llamé a las cuatro de la tarde del viernes para ver si podría ir esa misma tarde que me tenía que ir de viaje. Las canas no perdonan. El lunes tenía que haber salido corriendo para Murcia, pero no estaba muy claro si el lunes debía ir al instituto o no así que me quedé aquí.

Cuando escribo esto llevamos encerrados 16 días (como un viaje largo). Que hay que ver cómo hace un mes me pasaban las semanas sin enterarme y ahora qué largas se hacen. La primera semana me la pase preparando tareas online para los alumnos, consolando por teléfono a mi madre y a una alumna a la que habían extinguido su contrato temporal nada más decretarse el estado de alarma. La siguiente semana te dejas llevar. Te sobrepasa.

En un post anterior hablaba de la tercerización de las economías globales. Qué lejos queda eso ahora. Ahora solo hablamos de distanciamiento social. De sobrevivir. Porque vivir no estamos viviendo. No se trata de frivolizar. Nada más lejos; con el sufrimiento que vemos a diario. Pero vivir no es esto. Vivir es compartir; compartir con la familia, con los amigos, con los compañeros de trabajo, saludar a los vecinos ariscos. Esas pequeñas o grandes cosas que hacemos con gusto.

Ahora podría hablar del coste de oportunidad (es incalculable) o de la teoría de la ventaja absoluta de los chinos (que fabriquen ellos…)

No tenemos ni idea de lo que va a pasar mañana. Que no podremos hacer planes en mucho tiempo. Que esto acabará algún día. Lo sabemos. Entonces haremos planes. Cuando nos dejen. Cuando podamos.

He estado enviando a mis alumnos mensajes de tranquilidad respecto a las tareas. Mirad la tele, oíd la radio, leed noticias. Que vean como los sanitarios, los equipos de limpieza, los empleados del supermercado o las fuerzas de seguridad del Estado actúan como profesionales que son. Les he recomendado películas, series. No se dan cuenta, pero eso es currículo oculto. Si absorben todo esto aprenderán mucho.

Cuando todo esto pase lo evocaremos como si fuera la magdalena de Proust, pero será con la magdalena, con los cruasanes, con las tortas de Inés Rosales, con la Nocilla y con los osos de gominola que me estoy metiendo al cuerpo. O, ¿será mejor olvidar?

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